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Vómito Verbal #7: "Kandinsky a la naranja" parte 1

Actualizado: 8 abr 2022

La noche iba espectacular, todo era exquisito. La mansión tenía unos salones enormes, amplios y con techos muy altos, como si fuera la casa de un gigante con muy buen gusto. Los interiores con un semblante victoriano, sillas preciosas fabricadas con la madera del nogal más precioso, con ornamentos florales en el respaldo y descansabrazos, y los cojines forrados con terciopelo color verde oliva. Fue construida a finales del siglo XIX en la región histórica de Silesia, Polonia y fue preservada tanto fachada como interiores con tal cuidado como el que sólo recibe un recién nacido en los brazos de su madre. Los Wisniewski se negaban a la ruina de su majestuoso hogar.

Ojalá mi padre pudiera ver esto, pues tanto él como yo, estamos un poco obsesionados con la opulencia que marcaba la cúspide de la revolución industrial… steampunk all over.

Los aperitivos parecían hechos por las manos de los mismísimos dioses, sentías que el cuerpo de cristo ahora sí había entrado a tu cuerpo; había pan de ajo con queso crema y salmón ahumado; jitomates cherry con bolitas de queso mozzarella, como mini brochetas que tú mismo armabas pinchando con un palillo de oro una bolita blanca y una roja o como se te diera la gana; pan tostado con humus de aceituna negra y un sinfín de bocadillos que eran un deleite hasta para el paladar más educado.

Vaya festín, y sólo era la “botana” como decimos allá en el barrio.

El pato a la naranja venía en camino. Sabía que había salido del honro porque el olor perfumó el comedor entero. Me acerqué a la cocina a checar que todo estuviera en orden y que el plan continuara su curso. Todo parecía cocinado a la perfección, tenía una pinta de veinticuatro quilates.

Le di un vistazo al reloj de caoba que había en una esquina de aquel enorme comedor... tic-toc, tic-toc. Mi fiesta estaba por comenzar.

Quizá se pregunten cómo fue que llegué a los salones de una de las familias de linaje polaco más prestigioso, y una de las más poderosas en toda Europa, y por ahora solo puedo contarles que no soy la única en este negocio, simplemente dentro de ésta mansión hay cinco incursionados en el hurto, cinco cómplices.

La familia Wisniewski cuenta con la colección más grande de Kandinskys, uno de mis expresionistas favoritos. No saben lo que les espera al rebanar el pato.


Continuará...

 
 
 

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