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Vómito Verbal #1: Diario de una escort "Servicio Turbio"

Actualizado: 8 abr 2022


Tengo miedo. Supongo que aún me están buscando. No sé en dónde estoy exactamente, esto parece un depósito, pero está casi vacío. Solo hay un archivero de lámina color negro y no tengo donde esconderme más que atrás de él. No quiero salir del cuarto, pero sé que pueden entrar en cualquier momento, la puerta no tiene seguro…

He llamado a la policía, 1-1-0 es el número de emergencias aquí en Alemania, también llamé al 1-1-2… Espero vengan pronto, pues son las 3 de la madrugada, tengo el 10% de batería en mi celular y he dejado mi bolso con todos mis documentos en la habitación con ellos. No puedo ir a casa y no sé por cuánto tiempo más podré esconderme y escribir. Temo que me encontrarán, no hay salida, parece que el edificio les pertenece, ya se la saben, todo está bloqueado. Temo estar escribiendo por última vez.

Tienen fuego en los ojos, me miraban con deseo y odio. Me querían todos y todas a la vez, pero no como mis clientes, no como los del círculo. Me quieren matar, estoy segura que formo parte de un ritual. Me siento en una película de terror. Programaron mi último destino. Friedrich lo permitió, Friedrich me entregó a ellos, él prendió mi hoguera desde el primer día y yo permití que el fuego creciera.

Esto es todo lo contrario a los octubres pasados en Múnich, necesitaba dinero y acepte venir en lugar de irme a las calles a beber cerveza con mis amigos. Me ofrecieron muchísimo dinero sólo por “ser acompañante del Dr. Saud en una reunión de médicos internos”. No tenía que hacer nada más que acompañarlo por un par de horas. “Te dejaré a las diez de la noche y pasaré por ti a media noche, serán nueve mil”. Nueve mil euros por tomarme un gin con agua tónica y escucharlos hablar.

No sé cómo explicar lo que he visto, a simple y primera vista todo ha sido muy bizarro: negros de todas las edades; desde morros de mi edad hasta ancianos, vestidos de la misma forma: chaleco de piel color café como la tierra con tres grandes botones plásticos oscuros, una camisa blanca de manga larga con olanes como grandes oleadas, como eran en el siglo XIX, pero pensándolo bien no eran blancas del todo, estaban un poco percudidas, amarillentas, eran más color hueso que blancas… Yo supuse que el color era resultado de la cantidad de veces que habían sido usadas y lavadas. También llevaban pañuelos color rojo oscuro alrededor de sus cuellos, pero lo que más me ha impresionado es que ninguno traía pantalones ni ropa interior. No entendía nada, sólo me miraban fijamente mientras se cogían a sus mujeres.

No sé si eran escorts… no sé si eran madres o esposas de los que estaban ahí, pero de algo estoy segura, son mayores, muy mayores. Lo creo y aseguro, pues sus cabelleras estaban llenas de canas y sus ropas parecían hechas de retazos de otros muchos vestidos y harapos viejos.

Todo en la habitación estaba impecable. No hay ni muebles. Ni camas, ni mesas, ni sofá… nada. No había nada más que cuerpos negros semidesnudos por toda la sala. No había nada que me hiciera sentir que estoy en una fiesta más como las que acostumbro a ir. Esto es un ritual, me dije. Inmediatamente me sentí en desconfianza, pues era la única mujer blanca en la habitación. Friedrich solo me acompañó hasta la entrada del edificio. No sé qué hacer aparte de esperar a que la policía llegue por mí.

Vaya mierda de noche. Cualquier escenario es mejor a este. Cómo es posible que no salí de ahí corriendo cuando vi los ojos de Badij, el más joven de ahí y el único que se acercó a preguntar mi nombre y demás información que compartimos comúnmente. “Ich heiße Ale, Ich bin siebenundzwanzig Jahre alt” le dije en el mejor alemán que pude pronunciar en el momento, pues aún seguía un poco desconcertada por las escenas que veía enfrente y a mi alrededor. Nunca digo mi nombre real, mi alter ego se llama Loreil y ella es el lado más atrevido de Alessandra, de mí. Hoy no pude sentirme y ser Loreil, hoy solo tengo miedo y la mirada que recibía de Badij me decía lo mismo; a través de sus ojos verdes vi que él también tenía miedo, él sabía lo que harían conmigo, sabe lo que me espera si no logro escapar...

 
 
 

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