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Vómito Verbal #12: "Con vicios y no tantas virtudes"

Actualizado: 1 abr 2023

Que me lleva la verga, la droga y el alcohol. Máxima dependiente. Codependencia emocional de la cual no me quiero curar. Siento que pierdo mi identidad solo de pensarlo; dejarme en una reunión con mi ansiedad social curada por la compañía de un hombre, una cerveza o ron y un churro (o dos) y lo que venga. Ya sabrán... Me he metido el abecedario entero y todos los cristales que lleva colgando tu morra hippie-zen-chamán. Con los hombres ni se diga... Vaya mi forma de aferrarme a estar con alguien que me ponga freno, que me estabilice quieta, según... Nunca sola por ser alma y muerte de la fiesta. Que tan barata sale mi compañía que te alcanza con un tostón del cual te sobran pesos, pero que si agarramos promo de a tres por cien, yo pongo los otros cincuenta y con tres banqueteras ni como no olvidarme de mi miseria por un momento. Aunque me dure solo un ratito chiquito. Tantito nomás en lo que me desconecto. Black out. Lagunas mentales diría Molotov. Y hablando de, una bomba Molotov es lo que me necesito chingar para dejarme de mamadas.

Tengo menos de un cuarto de siglo y es increíblemente larga la lista de los ríos que desembocan accidentalmente, sin querer queriendo, en un delta depresivo tan vasto, ancho y largo que ya no puedo estar fuera de él. Tan firme estoy parada en las arenas profundas del mismo que olvidé como se sentía mi piel seca. Sin lágrimas. Tan sumergida estoy que saboteo mi rehabilitación pensando en qué será de mi si suelto una de las cadenas que mantienen mi peso ahí en el fondo. Qué será de mí nuevamente arriba sin lo que me mantiene "con los pies en la tierra". Qué locura, ¿no? Estar convencida por mi enfermedad a quedarme bajo el agua porque he olvidado salir a la superficie y me da miedo no saberme en el espejo sin alguna de aquellas tres cadenas. Estoy que me lleva la verga en la que me siento por no saber pedir ayuda más que a gritos y mentadas de madre y no saber recibirla cuando la ofrecen. Como perro herido y mal tratado. Necesito dar más de doce pasos y necesito más que un par de oídos que escuchen mis múltiples voces.

Tengo un arsenal lleno de las armas que he disparado contra mi misma y hasta con cierto cinismo llevo una revolver tatuada en el costado izquierdo de mi craneo. Refiriendo al arma más peligrosa que poseo, mi propio cerebro. Químicamente desequilibrado por mi crónica recaída.


Que me urge volver a mí aunque no sepa mas quién soy. Pues les cuento, he vivido en tres ciudades. Una muy distinta a la otra y cada que he regresado a alguna de ellas (después de haber huido) nadie me reconoce. Que si me volví loca, que si es una faceta, que si busco atención. ¡Wey! A lo mejor sí y ni puta idea tenía. Yo solo sé que la única constante en mi vida ha sido dejarme ir. Dirían "como gorda en tobogán". Cómo sugar baby con padrino en el mall. Entrarle con todo a la actividad del momento. Llámese fiesta, escuela o deporte.

La cantidad de pendejadas que he hecho por probar una actividad nueva. Sea buena la actividad (o la idea) o no tan buena siempre he llegado con todo lo que arrastro y ni modo de no estorbar con tanta chiva colgando. Aunque algo sí les diré: ¡Las risas no faltaron! Ja ja ja... Ah, pero que tal los ataques de pánico y ansiedad, las noches en vela acostada en el abismo de mi cama, la caída de pelo, la flacidez muscular y las cortadas en la piel (?). Y no las de la muñeca de secundariana incomprendida. No. Me refiero a las de la cabeza, a las del cuero cabelludo. Esas las que más me fastidian porque nadie más que yo las ve y las siente. No son piojos wey, es ansiedad y con las uñas me estoy perforando el cráneo. Tremenda celda de hueso en la que vivo presa de la que quiero escapar como si estuviera presa en Azcabán. Raspadita a raspadita llegas al otro lado del muro.


En fin, ya me cansé. Ojalá encuentre la paz antes de terminar de soltar mi último aliento. Y a quienes se encuentren en una posición similar, si es que mi texto ramero les ha interpelado, les mando un par de floaties para que llenen con el aire que podrían ser burbujas de despedida en el fondo del mar. Ínflenlos y permítanse flotar al nivel del mar. Que ahí nos vemos.

Ánimo, infelices. El Sol aún calienta y hay cocos con agua en las palmeras.



 
 
 

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